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DE GORDITA A MAMACITA

Ingrid Macher

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Fragmento


INTRODUCCIÓN

¡Felicidades por tomar la decisión de cambiar y dar el primer paso para pasar de “gordita” a “mamacita”!

¡Hola! Soy Ingrid Macher, mejor conocida como Adelgaza20 en las redes sociales. Estoy aquí para contarte que después de sobrevivir a las garras de la muerte tras un ataque de asma cuando tenía siete meses de embarazo, de levantarme de la quiebra financiera de 2008 y de perder 50 libras en 90 días, pude transformar por completo mi vida, mi salud, mi situación financiera y mi figura, pasando de ser una gordita a una mamacita. Lo mejor de todo es que tú también puedes cambiar tu vida, ser más saludable y transformar tu vida y tu cuerpo si así lo deseas, porque todo es posible para quien lo cree.

Cuando aprendí los secretos de una buena alimentación y lo que el cuerpo y la mente necesitan para estar en su mejor forma, encontré mi verdadera vocación a través de la nutrición, la motivación y el ejercicio. En ese momento comprendí que Dios me había hecho un ser único, especial y con una gran tarea por delante. Entonces comencé a transmitir esa información a otras mujeres que, al igual que yo, al inicio no tienen las herramientas o la información correcta para poder comenzar esta ruta hacia una vida saludable.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Hoy en día soy la creadora y fundadora de Adelgaza20.com. Comencé esta misión como un llamado de Dios, a través del cual he podido ayudar a millones de mujeres alrededor de todo el mundo a cambiar sus estilos de vida, a ser más saludables, exitosas y felices.

Soy empresaria, comunicadora, experta en nutrición holística, entrenadora personal, master coach en programación neurolingüística, autora y conferencista. También soy madre de dos hermosas hijas, una esposa feliz y, sobre todo, una mujer que ama con todo su corazón a Dios. Soy tu mejor aliada.

He pasado años aprendiendo lo que funciona y no funciona para perder peso, mejorar la salud y tener más energía. Si te quedas aquí, te llevaré de la mano por el fascinante mundo de la nutrición y te proporcionaré herramientas e información valiosa que te ayudarán a cambiar tu perspectiva de los alimentos y a obtener el cuerpo de tus sueños.

Te aseguro que has dado uno de los pasos más importantes para comenzar tu transformación y obtener ese cambio en tu figura, tu salud y tu vida, que tanto buscas. Si sigues mis consejos, podrás lograrlo, tal como yo lo logré.

Entender todo lo que está pasando en la nutrición moderna es importante para poder tomar decisiones acertadas a la hora de comer. En este libro te mostraré trucos, secretos e información oculta que quizás nunca hayas escuchado y que te ayudará a entender qué te está engordando y cuál es el camino para perder peso y tener una vida saludable. Además, te daré un plan con el cual podrás perder al menos 50 libras o bien, las 5 últimas que te hacen falta para lograr tu meta.

Lo más importante es que podrás cambiar tu estilo de vida para siempre, sin vuelta atrás.

Así es que, si estás lista, ¡comencemos!

TODO ES POSIBLE PARA QUIEN LO CREE

Si has leído mi libro anterior, me sigues en las redes sociales o lees mis artículos en alguna revista, seguramente ya conoces mi historia… O parte. Sabrás, por ejemplo, cómo, después de estar muriendo por asma en una sala de emergencias, con siete meses de embarazo y tras perderlo todo en la crisis de 2008, mi vida dio un vuelco. Logré la inspiración para perder 50 libras en 90 días, recuperar mi salud, mi vida y empezar a armar una carrera en el mundo del ejercicio y la nutrición. Sabrás también que hoy más de 10 millones de seguidoras me leen diariamente en mi sitio Adelgaza20 y unos 80 millones ven semanalmente mis publicaciones en redes sociales… O que en 2016 fui parte del Escuadrón de la Belleza como health coach de Nuestra Belleza Latina, el reality show más popular en español de Estados Unidos y Latinoamérica. Sabrás, además, que doy conferencias en Estados Unidos y América Latina, que he podido desarrollar mis propios productos y programas, creando un pequeño imperio en materia de bienestar a través de Internet.

Sé que muchas mujeres me ven como su modelo a seguir y piensan que, con tantos millones de seguidores, la fama y el dinero brotan por todos lados, por arte de magia, haciendo que mi vida sea siempre color de rosa. Quizás tú piensas lo mismo. Pues déjame contarte que la realidad es otra. Ésa es sólo una parte de la historia, la cara bonita de la moneda, pero hay mucho más detrás. Hay batallas diarias, momentos de angustia, personas que han actuado como mis enemigos ante cualquier intento de salir adelante, cientos de críticas, accidentes, entre otros. En fin, una novela, pero de la vida real.

Hoy te voy a revelar varios secretos. Pues desde antes de transformar mi vida, e incluso, después de lograrlo, han pasado muchas cosas, buenas y otras un poco difíciles. Pero a partir de ese momento, entendí que mi vida, con todas sus aristas: buenas, malas, con aciertos y errores, tenía un propósito, una misión para Dios y un trabajo que cumplir para el bienestar de otros, también supe que debía escribir un libro para ti. Y ciertamente, en estos años ¡ha corrido mucha agua bajo el puente! Hay muchos aspectos que desconoces y que seguramente te sorprenderán y te harán ver que tu realidad no es tan distinta a la mía, que cada día hay nuevas batallas, pero que definitivamente “todo es posible para quien lo cree”. Ya verás.

“PROFETA” EN MI HOGAR

Muchos creen que por el hecho de ser una persona saludable y fit, toda mi familia también lo es. ¡Eso quisiera! Pero realmente no es así. Tal como te conté en mi libro Al rescate de tu nuevo yo, nací y crecí en Colombia, en el seno de una familia muy tradicional, en todo el sentido de la palabra, desde lo religioso a lo alimenticio. Incluida en lo que llamo: “la cultura del frito”: yuca frita, plátano frito, empanadas fritas y todo lo que pueda ser más sabroso al pasar por el aceite hirviendo. Si eres hispana, del país que seas, sabes a lo que me refiero.

Pues gracias a esa “cultura del frito”, la mayor parte de mi familia ha padecido problemas de obesidad severa, diabetes, hipertensión, entre otros. Mi mamá, por ejemplo, actualmente pesa casi 300 libras y aunque no lo creas, tratar de cambiarle la mentalidad para que transforme su vida por una saludable ha sido un proceso impresionantemente difícil. Hasta ahora, imposible. Estoy consciente que en su caso no se trata sólo de vagancia, de no querer hacer ejercicio o cambiar de hábitos alimenticios, sino que ciertos problemas físicos han complicado más su situación. Mi madre tiene un reemplazo de caderas y platino en sus rodillas, lo cual ciertamente le ha impedido ser una mujer físicamente activa. Pero, sobre todo, la ha determinado el hecho de no querer cambiar las tradiciones con las que crecimos y adaptarse a una nutrición moderna, que se ajuste precisamente a sus necesidades físicas. Toda esa negatividad le ha impedido que pierda peso, generando que sufra distintos padecimientos de salud y dolores crónicos, que por su avanzada edad son muy difíciles de corregir a través de procedimientos quirúrgicos por lo complicada que puede ser la rehabilitación.

También está el caso de mi hermana, quien también sufre de obesidad, pues tiene pésimos hábitos alimenticios. No te imaginas cuánto he querido compartir con ella todo lo aprendido en estos años en materia de nutrición y vida saludable. He tratado de ayudarla de todas las formas posibles, dándole información, con mis libros, incluso pagándole membresías a costosos gimnasios para que se ejercite, pero no ha cambiado su estilo de vida. Por supuesto, sigue lidiando con la obesidad y todas sus consecuencias en el ámbito de la salud.

No es fácil manejar a solas un barco que navega por las aguas de un cambio en el estilo de vida. Es muy importante que tengas en cuenta que no por el hecho de que tú quieras ser saludable, tienes que someter y obligar a toda tu familia a seguir tus pasos. Sería ideal poder convencerlos a todos y avanzar en familia, aprendiendo a ser más saludables. Pero lamentablemente esto no suele ocurrir. Cada quien tiene su ritmo y su tiempo, y nos guste o no, algunos nunca van a modificar sus conductas. Y créeme que, aunque queramos lo mejor para ellos, la decisión final les pertenece a ellos. Los cambios deben darse progresivamente y de acuerdo con sus propias convicciones. Ésa es la única manera de que sean cambios reales que perduren en el tiempo.

¡Ni siquiera cambiar los hábitos de mi esposo me fue tarea sencilla! Como muchos hombres y especialmente americanos como él, no estaba interesado en dejar de comer sus platillos favoritos: hamburguesas, pizzas, pastas, entre otros. En su dieta abundaba el carbohidrato y la comida rápida. Fue muy difícil sumarlo al cambio, pero paulatinamente he logrado modificar su manera de comer. Por ejemplo, ya logré que de lunes a viernes sea muy saludable y el fin de semana tenga su comida de premio, para darse un gusto.

Si tuvieras una cámara oculta en mi cocina, te darías cuenta de cómo a diario escondo semillas de chía en los licuados de mi esposo, o “sin querer-queriendo” cambio el arroz blanco por el integral (o salvaje), cambio la hamburguesa por una pechuga de pollo o pescado, etc. Esos mismos cambios son los que he ido aplicando a mis hijas poco a poco. Si tienes hijos, de la edad que sean, sabrás que no es fácil tratar de acostumbrarlos a comer frutas cuando en la escuela todos sus compañeros comen helado, escoger agua cuando sus amigos beben soda, o que disfruten las carnes magras a la plancha cuando todos almuerzan papas fritas y nuggets de pollo. ¡Las tentaciones que tienen nuestros hijos son infinitas y están por todos lados! Por lo tanto, no puedes pasar de la noche a la mañana a quitarle a tu familia el arroz blanco que adoran y cambiárselo por integral (o salvaje). Es cuestión de tiempo y constancia.

Debemos aprender a ser pacientes y perseverantes, y que no sean esos malos hábitos los que nos arrastren nuevamente a nosotras. Poquito a poco podemos ir modificando las recetas, agregando productos saludables y quitando los que no lo son, sumando frutas frescas y vegetales, eliminado grasas saturadas y carbohidratos simples, etc. Si tenemos esa cuota de paciencia, más perseverancia y constancia, poco a poco iremos enseñando tanto a nuestros hijos, como a nuestro esposo, familiares, vecinos y a quienes nos rodean, sobre todo con nuestro ejemplo. Un discurso de vida saludable no tiene validez sin que se note en nosotras de pies a cabeza: en nuestra piel, salud, actitud y energía. Créeme.

Es una batalla diaria pero que finalmente da resultados con quienes estén listos para ese cambio. Quiero insistir en este punto: no podemos cambiar la vida de alguien que no está listo para hacerlo o simplemente no quiere hacerlo. Al principio, era tal mi nivel de entusiasmo por querer contagiar a mi círculo cercano todo lo bueno que me estaba pasando a mí en materia de bienestar, que pequé de ser muy intensa. ¡Obviamente queremos ver a nuestros seres queridos felices, saludables y plenos! Sin embargo, con el tiempo he aprendido que, aunque tengamos las mejores intenciones, a veces es mejor callar que tratar de cambiarle la mentalidad a alguien que no está preparado o que simplemente no quiere modificar su estilo de vida.

Como dice el refrán: “El maestro aparece cuando el alumno está listo”. Quienes en casa estén listos para cambiar su estilo de vida por uno saludable, serán quienes te ayuden a navegar ese barco. Concéntrate en ellos con paciencia, perseverancia y mucho amor.

EL AMOR TODO LO VENCE

He contado muchas veces que conocer a Jeff, mi actual esposo, fue encontrarme con el amor de mi vida. Había pasado muchas experiencias difíciles anteriormente, así es que cuando apareció, decidí hacer de nuestra vida una eterna luna de miel y disfrutarla al máximo.

A ambos nos encantaba “la buena vida”, como la entiende la mayoría. Es decir, buena mesa, fiestas, alcohol, viajes, propiedades, autos de lujo, personal de servicio, entre otros. Afortunadamente los negocios de mi esposo marchaban a la perfección, permitiéndonos una vida sin complicaciones. De hecho, una vez que nos casamos, nos mudamos a Las Vegas, donde gozábamos de todo y más de lo que necesitábamos.

Nunca imaginamos que la crisis inmobiliaria de 2008 nos podría afectar. Pero lo hizo y de manera brutal, pues de un día para otro perdimos todo lo material. Nos tuvimos que regresar a Florida para, literalmente, comenzar de cero. Pero ¿sabes qué? ¡Es lo mejor que nos ha podido pasar!

Después de sufrir la caída económica, mi esposo y yo nos hemos demostrado que esa etapa tan dura en nuestra vida fue el mejor aprendizaje, pues hoy, tras 11 años de matrimonio, no sólo superamos esa situación, sino que además construimos una empresa juntos, que nos convirtió en socios, compañeros de labores y mejores compañeros de vida.

Empezamos en una pequeña oficina de 10x10 pies, siendo sólo mi esposo y yo los empleados. Actualmente tenemos una oficina de 1,900 pies cuadrados, donde sumamos a diez empleados a tiempo completo en Miami.

Hemos ido creciendo paulatinamente, trabajando duro hasta llegar a tener un negocio permanente, a través de las redes sociales.

Y aunque muchos piensen que en Internet el dinero brota como por arte de magia, hemos tenido muchos momentos en los que no sabíamos cómo cubriríamos todos nuestros compromisos. Pero siempre nos hemos mantenido firmes en la fe, trabajando arduamente por nuestro propósito.

Todo lo logrado ha sido con mucha dedicación, inversión, trabajo y amor. Hemos invertido en educación, en buscar lo que está en la vanguardia en materia de salud y bienestar. Créeme que no es una tarea fácil, especialmente para una mujer como yo, con 43 años, pues estoy compitiendo con chicas jóvenes que pasan mucho tiempo fotografiándose con poca ropa en Internet y, aunque la mayoría de los seguidores a veces no sepan lo que dicen, las siguen a ciegas. Es una batalla ardua por dar lo mejor.

Después de la crisis que vivimos en 2008 descubrimos que lo más importante es nuestra familia y que realmente el secreto para ser ricos, aunque suene a cliché, está en el corazón. Está en tener una familia fuerte, que se ame.

Sin duda, volvimos a reinventarnos como familia, aprendiendo a ser más constantes y a no perder el enfoque de mantenernos unidos en la fe. Definitivamente aprendimos a ser más fuertes en cuerpo y alma.

BATALLANDO CONTRA EL SABOTAJE

Hay muchas cosas que he contado en mis libros y en los cientos de artículos que he compartido contigo. Pero hay muchos detalles en los que no he profundizado no por querer ocultarlos, sino realmente porque, como verás más adelante, uno de mis principios fundamentales para seguir avanzando contra viento y marea es concentrarme en lo positivo, en lo constructivo y en eliminar todo lo que no lo sea. Pero mi vida ha tenido muchos momentos en los que he tocado fondo.

Aunque me crié en Colombia, en mi juventud me mudé a Puerto Rico, buscando mejores oportunidades. Allí estudié Comunicación Social en la universidad y me casé por primera vez. Todo iba de maravilla y para mayor felicidad tuve a mi primera hija. Sin embargo, las cosas no funcionaron y terminé haciéndome cargo sola de ella, mudándome a Florida y luchando por salir adelante con uñas y dientes.

Fueron años muy difíciles, en los que debí enfrentar muchos obstáculos y tuve que hacer trabajos que seguramente ante los ojos de mucha gente no están bien vistos. No reniego ni tampoco me enorgullezco de muchas cosas, pues aprendí a valorar el hecho de que en esos momentos me ayudaron a salir adelante y que todas esas difíciles experiencias, de una u otra manera, me llevaron a estar donde hoy estoy. Pero aprender a mirarlo de esa manera fue un proceso interior complicado, de mucha confrontación, de mucho crecimiento, de mucho esfuerzo, de aprender a perdonarme y de muchas ganas de dejarlo todo atrás. Y lo había logrado. Sin embargo, hace algunos años, cuando comenzaba a darme a conocer en mi nueva labor y cuando comenzaban a abrirme puertas en los medios de comunicación, hubo quienes se atravesaron en mi camino utilizando esa información para tratar de derrotarme, avergonzarme y cerrarme muchas de esas puertas.

Viví mucho tiempo en medio de un acoso constante. ¿Por qué? ¿Para qué? Me lo preguntaba constantemente. Es difícil entender qué beneficios puede encontrar alguien al impedir el éxito y la felicidad de otra persona.

Sin embargo, llegó el momento en que comprendí que es Dios quien me lleva a los lugares donde me necesitan, quien me abre las puertas dondequiera que entre y me pone a la gente adecuada en el camino. Sólo necesito esperar con paciencia.

Cuando Dios te hace una promesa, no importa cuántos obstáculos salgan en tu camino, si la crees, Él siempre la cumplirá. Lo he podido comprobar, pues a pesar de las dificultades, hoy, nuestra empresa ha ido más lejos de lo que yo misma imaginaba. Entre otras cosas, tenemos tres programas: Quemando y Gozando, Ultimate Power Fit y Bikini Body. Tres programas de información, 28 libros electrónicos, cuatro libros impresos, tres en español y uno en inglés. Y para que este libro llegara a tus manos, apareció una de las editoriales más importantes interesada en publicarlo, ¡y antes ni siquiera me habrían puesto atención!

En 2016 hice tres grandes campañas para las marcas Neutrogena, Walmart y Quicker. Comencé a trabajar como influencer en el área digital de Univisión, a escribir para Latina Bloggers, a dar conferencias sobre nutrición y ahora como conferencista en mercadeo online para mujeres que quieren llevar su negocio al siguiente nivel, impulsando a blogueras, artistas y celebridades que quieren construir una empresa.

También pude realizar otro de mis sueños, que era el lanzamiento de productos como el polvo de proteína, el té Oolong y una línea de suplementos diseñada especialmente para mejorar la salud de la mujer y ayudarla a perder peso naturalmente.

Como puedes ver, los tiempos de Dios son perfectos y sus métodos también, pues cuando logré entrar a ese medio tan esquivo, no sólo lo hice por la puerta más amplia que podía imaginar, sino que las bendiciones han ido una tras otra. Créeme que confiar en el poder de Dios es la mejor herramienta. No hay pasado, no hay enemigos, obstáculos ni mala energía capaz de cambiar la ruta trazada para ti cuando depositas tu propósito en sus manos.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
(Filipenses 4:13)

Mucha gente me pregunta: Ingrid, ¿cómo entregaste tu vida a Dios? Pues voy a contarte que no fue tan fácil. Durante muchos años tuve una lucha interna sobre mi acercamiento a Dios y por más intentos que Él hacía para que yo depositara mi vida en sus manos, cual “cabeza dura”, yo insistía en llevar mi vida según mis ideas del momento.

En primer lugar, crecí en una familia extremadamente católica. Pero mis padres, de la noche a la mañana, decidieron cambiarse de religión y convertirse en cristianos protestantes y, como suele ocurrir con los padres, quisieron imponerme sus creencias. Así es que querían que olvidáramos todo aquello con lo que habíamos crecido para aferrarnos a la nueva manera de expresar la fe. Mi padre me hablaba todos los días de Dios y eso, lejos de convencerme, comenzó a generar en mí una resistencia total a su religión.

Siento que Dios me fue llamando en diferentes momentos de mi vida y creo que el primer momento en que me llamó la atención de manera tajante fue en aquella sala de emergencias, cuando, con siete meses de embarazo, me quitó la vida por unos segundos y me la devolvió, tras un ataque de asma. Pude haberme entregado por completo tras esa experiencia tan dramática; sin embargo, seguía ignorando su voz, seguía renuente.

El segundo gran y definitivo llamado siento que sucedió cuando perdimos todo económicamente… Aunque hoy parezca difícil de creer, era una mujer muy “latina” en mis gustos, que adoraba las fiestas, bailar y, por supuesto, disfrutar de unos tragos, aunque a veces al día siguiente no recordara mucho de lo que hacía o lo que decía. La verdad, me encantaba disfrutar del momento. Pero, tras esa experiencia tan dolorosa y fuerte, mi ánimo también se fue al piso.

Estaba absolutamente deprimida. Fue en ese momento que me di cuenta de que debía arrimar el hombro para ayudar a mi esposo, que hasta entonces no había tenido un desplome económico tan fuerte. En ese instante, sentí que Dios me llamaba a cambiar mi vida de manera radical. Me llamaba a decir “no más excusas”.

Todos tenemos un punto en que decimos “no más”. El mío fue un 1 de enero. Fue el momento en que tomé la firme decisión de cambiar mi vida, de convertirme en una mujer saludable desde adentro hacia afuera. Decidí pasar la prueba de perderlo todo, dejar de sentirme derrotada, llegar a la Florida y comenzar de nuevo, en todo.

En ese instante, busqué entre todos los libros cristianos que mis papás siempre me enviaban de regalo y que no tomaba en cuenta. Saqué un devocionario de 90 días del autor Joel Osteen, llamado Su mejor vida ahora. Estaba tan desesperada por la situación que vivíamos, que le rogué a Dios que me hablara a través de ese libro. Lo abrí y lo primero que leí fue una frase que me invitaba a entregarme por completo. A entregarlo todo. Sin excusas ni tratos a medias. No se trataba de cambiar mi vida sólo físicamente para mejorar mi salud, sino que se trataba de mí, de entregar mi vida y acercarme a Dios de verdad. En ese momento comprendí que comenzaba una nueva etapa.

La parte más difícil al adoptar una nueva creencia es manejarla con nuestros seres queridos, sin imponérsela. No quise repetir el error de mis padres tratando de obligar a mi familia a seguir mis pasos en la fe. He orado mucho para lograrlo, pero poco a poco he ido cambiando mis acciones, mi manera de ser, lo cual ha ido motivando a mi familia a subirse al mismo barco. Tal como ocurre con nuestros hábitos, más que un discurso sobre nuestra fe, lo más importante es el ejemplo con nuestras acciones cotidianas. Y no se trata de un cambio en un aspecto. Cuando somos coherentes, logramos cambios radicales en nuestra vida completa: financiera, física, emocional y espiritual. Todas son áreas que van juntas.

Quiero dejarte claro que, aunque soy una mujer que ama a Dios con todo su corazón y soy cristiana, no tengo ninguna afiliación religiosa, no pertenezco a ninguna Iglesia. He aprendido a leer la palabra de Dios cada día, a solas y aunque seguramente hay mucha gente que me critica por esto, puedo decir que Joel Osteen es mi inspiración hasta hoy, quien me lleva de la mano con sus mensajes todos los días.

Durante muchos años asistí a una congregación cristiana anglo en el sur de Florida, pero dejé de hacerlo. Hoy en día, siento que no necesitamos asistir a un templo para conectarnos con nuestra fe. Internet se ha vuelto un medio que nos permite hacerlo, recibir y compartir mensajes, aprender y crecer en la fe sin necesidad de estar presentes físicamente en un lugar.

Tú puedes seguir, escuchar e incluso conectarte con pastores, sacerdotes y líderes religiosos según tu creencia, muchos de los cuales tienen mensajes hermosos. Puedes seguir contribuyendo y colaborando con tu diezmo. En mi caso, el diezmo es parte de este compromiso de fe, pero he decidido no entregarlo a una iglesia específica, sino que creo que Dios me dio la misión de ayudar a ciertas labores filantrópicas. Mi compromiso es con los niños con cáncer, con la ayuda para construir escuelas en Colombia y con los niños desamparados, así como personas enfermas que se acercan a pedirme ayuda. Esto lo estoy haciendo específicamente a través de la Fundación REMA, en donde se ayuda a decenas de inmigrantes indocumentados que llegan al sur de Florida, que se enferman de cáncer y que no cuentan con recursos ni ayuda estatal. También colaboro con una Fundación de Medellín, Colombia, llamada Cathy Manish, que ayuda a niños diagnosticados con enfermedades terminales, muchos de los cuales son desplazados de sus localidades por las guerrillas. A ellos se les ayuda con medicamentos, pañales, cremas, entre otros. También a sus madres, en su mayoría solteras, con todo lo que necesiten para lidiar con una realidad tan difícil como la que viven. Son las misiones de ayuda que siento que Dios me ha llamado a apoyar, para devolver a la comunidad parte de la bendición que obtengo en mis negocios.

Dios nos da misiones diferentes a cada uno y la misión que me ha dado a mí no es predicar sino educar. Mi misión es decirte: éste es tu templo y tienes que cuidarlo. Aunque muchos no lo sepan, la Biblia habla de nuestro cuerpo como el templo del Espíritu Santo. Habla también del agua que purifica y de muchas cosas relacionadas con tomar control de nuestra salud, lucir mejor, dejar la gula. Mi meta es la coherencia espiritual, física y emocional.

También tengo la misión de recordarte que Dios no nos ha hecho para ser pobres. Nos hizo para ser hijas de un rey. Así es que cuando te sientas deprimida y no sepas qué hacer, recuerda que lo eres, ponte tu corona y piensa que eres una obra maestra. Dios no te ha diseñado para llorar, para deprimirte, ni para sufrir por tu peso o para sentirte fea. Eres hija de un rey, levántate como tal y recuerda que vales mucho.

APRENDER, UNA TAREA INTERMINABLE

Aprender es una tarea que jamás acaba. Cuanta más información adquirimos, más crecemos. El hecho de acercarme a Dios, de comprometerme con Él en mi misión, me ha hecho crecer en todos los aspectos de mi vida. Incluso, se ha convertido en mi fuerza para no caer en mis viejos hábitos alimenticios. Es que se trata de un todo. Para ser una mujer fit y saludable física, financiera y profesionalmente, también hay que ser una mujer espiritualmente saludable. De otra forma, el proyecto se desvanece, el barco “hace agua” por alguna parte.

Aunque no lo sepas, hay muchas personas públicas que son absolutamente fitness, pero sufren una terrible lucha interior. Yo me reconozco como una mujer de carne y hueso; por lo tanto, te confieso que también tengo tentaciones y deseos de retomar viejos hábitos. Por ejemplo, amo las galletas y si me lo preguntas, no quisiera una, ¡sino un paquete entero! Pero no lo hago porque sé el daño que le hace a mi cuerpo y básicamente, con todo lo que he estudiado, he aprendido a escuchar a mi cuerpo, a reconocer lo que me sirve y lo que no me sirve y a eliminar lo que es tóxico. Cuando digo esto, me refiero a todos los aspectos: emocional, físico, relaciones interpersonales, trabajo, etcétera.

He aprendido que el mayor error que cometemos es que no queremos educarnos y ¡hay tanta educación ahí afuera! Una dieta o un programa de alimentación no tiene nada de extraordinario, ya está hecho, ya existen miles de opciones. Pero nos hacemos las sordas y los ignoramos, no nos informamos del valor real que tienen, con información seria.

Si no tenemos la convicción de cambiar en nuestro beneficio, sobre la base de la información correcta, nos dejamos dominar por los malos hábitos y malas costumbres. “Es que me muero si no tomo café”, “es que no puedo vivir sin mis arepas”, “sin mi arroz blanco siento que no he comido”, etc. Claro que puedes vivir sin esto y sin mucho más. Basta que te abras a la información correcta, tomes la decisión y actúes.

Una de las cosas que más me preocupa actualmente es que muchas personas miran a sus referentes desde una perspectiva sólo física. Y “los” o “las” ven llenos y llenas de músculos, pues es lo que está de moda. Hay muchas mujeres que están siguiendo consejos de quienes imponen estos modelos. Por eso, hace dos años, hice la prueba, como un desafío personal y para mostrarles a mis seguidoras todo lo que ocurría en el cuerpo cuando nos convertimos en competidoras de bikini fitness. Te puedo decir que el cambio metabólico que sufrí en ese proceso fue horrible. Aún hoy sigo tratando de recuperarme.

Eso me llevó a entender que no necesariamente por mantener un régimen alimenticio y comer bien para lograr esa musculatura estamos haciendo lo correcto. Realmente los sacrificios que debes hacer no lo valen y, lo que es peor, hacen estragos en tu organismo. Por ejemplo, antes de competir, debía pasar tres meses comiendo diariamente pescado y espárragos, sin sal y sin comer ni una sola fruta. Tomaba dos galones de agua al día, hacía ejercicio cardiovascular dos o tres veces al día y pesas dos veces al día, casi sin energía. De hecho, muchos competidores de fitness usan grandes cantidades de cafeína para cumplir con toda esa actividad física. Sabrás que soy enemiga del café, por lo tanto, era todavía más difícil.

Logré obtener un cuerpo perfecto para las competencias, pero una vez que se terminaban, mi cuerpo se inflaba como un balón. Lo que antes funcionaba para perder peso dejó de hacerlo y volver a poner el cuerpo en orden se volvió en algo terriblemente difícil.

Todo este proceso me llevó a estudiar las hormonas en nuestro cuerpo. Descubrí qué estaba pasando conmigo, pues aunque seguía con mi rutina de ejercicios diarios y alimentándome bien, no perdía peso, estaba estancada. Me di cuenta de que todos esos cambios con dietas bruscas hicieron que mi metabolismo perdiera el control y alterara mis hormonas. Muchas mujeres no saben que cuando desestabilizamos una hormona se desestabilizan todas, y aunque hagas mucho ejercicio y comas bien, no cambia nada. Nos preocupamos mucho de nuestro abdomen plano, pero no nos preocupamos de poner nuestras hormonas en balance. ¿Y sabías que una vez que las hormonas están equilibradas, puedes obtener el abdomen plano y puedes mantenerte delgada sin tener que hacer estas dietas estrafalarias tomando jugos o productos que se consiguen en tiendas exclusivas? El punto es saber qué nos está haciendo mal y qué necesitamos comer.

En mi caso, me di cuenta de que apenas me levanto, necesito ingerir proteína para activar mi metabolismo, así como comer cada tres horas, pero hacerlo siempre a la misma hora. También necesito acostarme a dormir antes de las 10 de la noche, para que las hormonas que desintoxican todo mi organismo empiecen a trabajar correctamente. Dormir lo suficiente, porque el descanso influye en todo y ne ...