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NADA QUE DEMOSTRAR

Jennie Allen

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Fragmento

Reconocimientos para Nada que demostrar

“Estas páginas representan lo que tu alma anhela. En Nada que demostrar, Jennie Allen nos recuerda que cuando nos enloquecemos buscando la perfección, nos perdemos la hermosa gracia que Dios diseñó para nuestro vivir. Una de las maestras de la Biblia más brillantes de nuestros tiempos, Jennie nos trae liberación con estas hojas”.

–Ann Voskamp, autora de Quebrantamiento.

“Todo lo que sé es que cuando estoy con Jennie siento hambre de conocer mejor a Dios. Su pasión de ser suya por sobre todo lo demás –a cualquier precio– agita algo en mi alma. Lee Nada que demostrar y observa si algo de lo que ella aprende a sus pies no se derrama también sobre tu deseosa alma”.

–Kay Warren, maestra de la Biblia y autora de Escoja el gozo.

“Nada que demostrar nos lleva en un viaje que nos libera de la necesidad de estar a la altura de las circunstancias. Con una autenticidad vulnerable, Jennie Allen nos anima a meternos con más profundidad en las corrientes del Agua viva y vivir seguros al saber que no tenemos absolutamente nada que demostrarle a Dios ni a las personas”.

Recibe antes que nadie historias como ésta

–Mark Batterson, pastor principal de National Community Church.

“Una cosa es escribir bien sobre los altos conceptos de la fe o, como alternativa, sobre la esencia de la vida real. Escribir bien sobre la gracia y sobre Netflix, sobre la suficiencia de Cristo y sobre la tarea para el hogar; eso sí que es difícil, y Jennie lo hace maravillosamente. He visto sus pasos por este camino, y me alegra que nos invite a ser parte de esta importante conversación”.

–Shauna Niequist, autora de Present Over Perfect.

“Jennie Allen nos llama a dar la mejor versión de nosotros, la versión que Dios procura. Nos llama a levantarnos por encima del “ay de mí” y focalizarnos en “¡Dios es grande!”. Amamos este mensaje glorioso y resonante universalmente”.

–Louie y Shelley Giglio, cofundadores de

Passion Conferences y Passion City Church.

“Jennie Allen comparte con una gran pasión y transparencia lo que cada corazón agotado ha estado anhelando: a causa de Jesús podemos dejar de esforzarnos. En Él somos suficientes. Y lo hemos sido en todo momento”.

–Lysa TerKeurst, exitosa autora incluida en la lista de bestsellers del New York Times y presidente de Proverbs 31 Ministries.

“Con honestidad y una pasión pura, Jennie Allen nos invita a todos a dejar a atrás las demostraciones y las simulaciones que nos asfixian. ¡Hay más que esto en la vida! Al compartir la sabiduría que obtuvo a duras penas a través de su propio viaje, Jennie nos lleva a los pies de la cruz, donde se encuentran la gracia y la misericordia, y descubrimos otra vez que no tenemos que demostrar absolutamente nada”.

–Jo Saxton, autor, orador, y presidente del consejo de 3D Movements.

“En un tiempo en que es difícil lograr descansar, cuando nuestros días están repletos del constante clamor de ser más, hacer más y tener más, la mayoría de las personas se sienten exhaustas y sobrepasadas. A través de su propia vida y de ejemplos con los que todos nos podemos relacionar, Jennie Allen declara fielmente que el descanso solo puede encontrarse en la obra terminada de Cristo”.

–Matt Chandler, pastor principal de Village Church, Dallas, y presidente de Acts 29.

“Vivimos en un mundo que intenta robarnos el valor y la identidad día a día. Aleja nuestro corazón de Dios y lo enfoca en nuestras deficiencias. Estoy muy agradecida de que mi amiga Jennie Allen, en Nada que demostrar, nos realinee a todos con la verdad de las Escrituras. Este libro te ayudará a quitar los ojos de los problemas y volver a ponerlos en las promesas de Dios”.

–Christine Caine, fundadora de A21 y Propel Women.

“Jennie es una de esas raras personas que posee una visión profética y ardiente con mucha ternura y gracia. Y debido a eso, siempre estoy leyendo y aprendiendo de su voz. En este libro me mete de lleno en las Escrituras y me deja de rodillas en el piso; y en mi opinión un libro que logra eso es espectacular”.

–Jefferson Bethke, exitoso autor incluido en la lista de bestsellers del New York Times de Jesus>Religion.

“‘Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba’. Jesús gritó estas palabras a una multitud de personas confundidas, débiles y espiritualmente sedientas, cansadas de esforzarse de ser capaces y hacer lo suficiente; personas como tú y yo y Jennie Allen. Este sincero y maravilloso libro es el humilde grito de Jennie de que Jesús dice la verdad. Es su historia de encontrar libertad y descanso. Y si la escuchamos, puede ser nuestra historia también”.

–Jon Bloom, cofundador de Desiring God y autor de Not by Sight [No por vista].

Para mis hermanas (y mejores amigas),
Brooke y Katie.

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Ambas me demuestran una clase de amor incondicional, inmutable, desinteresado y que nunca tiene que demostrar nada.

Este año comprobamos contra viento y marea que Dios me sostuvo firmemente a través de sus vidas. Voy a estar por siempre agradecida por ustedes.

Reconocer nuestra sed

“Jennie, ¿qué es lo que no dices?”.

Mis amigas íntimas siempre hacen preguntas molestas. Atrapada en el asiento trasero durante nuestro viaje a Houston justo antes de Navidad, les di respuestas concisas, sin querer captar demasiado el oxígeno del auto y sabiendo que mi vida, en comparación con tantas otras, no es tan difícil como a veces parece.

No me creyeron. Bekah volvió a insistir.

“Lo veo, Jennie. Lo veo sobre ti y dentro de ti. Sientes demasiada presión. ¿De dónde viene tanta presión?”.

Miré para afuera del auto. Las lágrimas se me agolpaban en los ojos, pero no las iba a dejar salir. No podía decidir si en realidad quería entrar en ese lugar y sentir todo. Por más que tratara de que sonara en serio cuando decía “estoy bien”, una tristeza constante y silenciosa había estado creciendo durante los últimos meses. Parecía que sentía el pecho siempre oprimido, y muchas noches me quedaba despierta medio temerosa y medio tratando de confiar en Dios en cosas como…

… las acuciantes inseguridades que arrastro, al preguntarme si acaso importa alguna de las formas en las que se me pasa la vida.

… los crecientes desafíos que estábamos enfrentando con uno de nuestros hijos y sus necesidades especiales.

… la tristeza que siento por mi hermana menor, que está sufriendo una tragedia impensable.

… las inevitables presiones que tengo al liderar una creciente organización que ya ha cobrado vida propia.

… el agotamiento que traen todas estas presiones y otras más.

… el pecado que sale de mí hacia los demás debido al cansancio de todo esto.

¡Uf! ¿Profundizo en ello? ¿Servirá de algo?

Queriendo mantener la compostura, me contuve mientras viajábamos unas horas más hacia Houston. Me quería esconder detrás de algo que distrajera la atención de todas hacia otro tema.

Permanecí en silencio, decidiendo.

Pero ellas no iban a parar.

Cambié de tema. “¿Por qué no paramos y comemos? ¿No tienen hambre?”.

Estuvieron de acuerdo en dejarme comer si me abría y les contaba cómo me sentía realmente. Como rehén de estas locas buenas amigas, tendría que arriesgarme a ser vulnerable.

De alguna manera en los lujosos suburbios de Houston, encontramos una casucha de venta de hamburguesas con el piso sucio y sin calefacción central. Éramos las únicas en el lugar. Nos apiñamos alrededor de la estufa y comimos unas de las mejores hamburguesas de nuestras vidas.

Para la constante preocupación de nuestro agradable camarero, que continuamente me traía servilletas, me quebré y, bañada en lágrimas, les di acceso a mis amigas a todo mi ser: la constante ineptitud que siento; el temor de defraudar a aquellos que lidero o, peor incluso, a mis hijos; la constante presión que trato de ignorar pero de la que nunca puedo escapar; la tristeza por mi hermana; la duda que a menudo siento con Dios a pesar de que predico y escribo libro sobre Él; la forma en que me había quebrantado antes frente a un pobre interno en la oficina; el constante sentimiento de que sin importar cuánto lo intente, no soy suficiente. Todas las cosas que no quería decir, que ni siquiera quería reconocer en lo íntimo, finalmente las dije.

Durante dos horas ininterrumpidas mis amigas me regalaron todo el oxígeno. De forma sacrificada y sin juzgarme me lo cedieron y me obligaron a respirar en él, recibir amorosamente sin temor. Por primera vez en un largo tiempo, me reí mucho y con libertad. Esa clase de risa profunda, alegre, que te hace reír de la vida y de ti misma.

En el transcurso de esas dos horas me permití ser una completa idiota que no tenía una pizca de cordura. Estaba libre de expectativas, de los roles que jugaba, de las presiones de la vida real. Nada acerca de mis circunstancias cambió en ese momento. Pero todo en mi interior se transformó. No me di cuenta hasta entonces que, accidentalmente, había permitido que mi vida se convirtiera sutilmente en una actuación. Sobre ese piso sucio, me olvidé de todas mis líneas, abandoné mis papeles, solté los disfraces…

No tenía nada que demostrar.

Me empapé de gracia. No sabía de lo que había estado tan sedienta. Gracia. No lo sabía hasta que confesé mi sed sobre las hamburguesas de un local con el piso sucio. Mis amigas tenían la gracia almacenada, esa gracia contagiosa de Jesús que todas bien conocen. Como una corriente refrescante, la gracia de Jesús fluyó de ellas y se derramó en mi alma seca, agotada y sedienta.

Quizá conoces esa sed, ese deseo desde lo más profundo de tu ser que busca alivio. ¿Acaso lo sientes en este preciso momento? Estoy convencida de que cada una de nosotras pelea contra algún tipo de presión, sufrimiento, pecado, carga; tal vez todos ellos al mismo tiempo. Sin embargo, qué hacemos cuando nos preguntan: “¿Cómo estás?”.

Respondemos: “Bien. Muy bien. Genial”.

Te tengo un secreto: nadie está bien, muy bien, genial.

Pero, ¡Dios mío!, todas estamos cansadas de tratar de fingir que lo estamos.

¿Estás cansada? No estás sola.

La verdad que descubrí ese día en un local de las afueras de Houston está disponible y es real cada día para cada una de nosotras. Necesitamos una nueva manera de vivir.

¿Quieres salir del escenario? ¿Adivina qué? Una hamburguesa con queso y una casucha con el piso sucio, llena de gracia, te están esperando.

Pero debo advertirte que hay una guerra intensa para evitar que la encuentres. Si Dios y el cielo y los ángeles y los demonios son reales, entonces un enemigo real está afuera para reclamar todo lo que es bueno, libre, apacible y alegre en nosotras.

Así que aquí comenzamos. Empezamos dándonos cuenta de que no estamos solas. Comenzamos reconociendo que, de hecho, todo el infierno saldrá fuera de nosotras si decidimos vivir libres y disfrutar de la gracia.

Ben Rector, uno de mis músicos favoritos, con frecuencia le pone palabras a la música de una manera que expresa la verdad. Él escribió: “A veces el diablo suena muy parecido a Jesús”.1

Hemos sido engañadas por las mentiras de un enemigo que conoce exactamente cómo desviar nuestra sed hacia sus propósitos. Y necesitamos desesperadamente abrir los ojos ante sus perversas tácticas.

SI YO FUERA TU ENEMIGO…

Si yo fuera tu enemigo, te haría creer...

que necesitas permiso para liderar. que estás desamparada. que eres insignificante. que Dios quiere decoro y buena conducta.

Y durante años estas mentiras alcanzaron para apagar gran parte de la igles ...