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SANTO REMEDIO

Dr. Juan Rivera

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Fragmento

Introducción

No sé a ciencia cierta cuándo cambió la actitud de mis pacientes. Lo cierto es que de un día para otro muchos de ellos, sin conocerme bien aún, comenzaron a decirme: “Doctor, quiero que sepa que, independientemente de los resultados de su examen, no pienso tomar medicamentos”.

Al principio me chocaba: era inaudito que un paciente me dijera de entrada que no pensaba seguir mis recomendaciones en cuanto a los fármacos que debía tomar. ¿Quince años estudiando el cuerpo humano, su funcionamiento y las formas de curarlo para terminar recetando miel para la tos, bicarbonato de sodio para la acidez y té de maracuyá para dormir? ¡Dios mío! ¿Entonces mi bisabuela, mi abuela y mi madre también podrían fungir como doctoras? Recuerdo que cada vez que tenía gripe, ellas me aplicaban en el pecho cuanto emplasto existía, y cuando niño me correteaban por toda la casa para que tomara una cucharada de aceite de bacalao, que siempre me negaba a tragar por el sabor tan feo que tenía.

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El remedio que más recuerdo fue la cura “infalible” de mi abuela: ella me juró que si me aplicaba en la cabeza todas las noches la baba de la planta de sábila se detendría la caída del cabello. Y así lo hice… Me sometí a aquel ritual todas las noches que hacía que mi cabeza oliera a ratón muerto, pero solo tienes que ver mi foto para conocer el resultado…

Cuando reflexiono sobre ese cambio en el pensamiento y sentimiento de muchos pacientes, se me ocurren algunas posibles causas parciales. Los comerciales en televisión sobre diferentes medicamentos eran de este estilo: “Si quiere aliviarse de su dolor de cabeza, pregúntele a su médico por idiotril. Este aliviará sus síntomas; sin embargo, puede causar caída del cabello, ronchas en la piel, dientes amarillos, diarreas incontrolables, insomnio y cáncer de cualquier tipo”. El anuncio mismo puede convertirse en una terapia para el dolor de cabeza, o sea, hace que el dolor se sienta como un problema menor en comparación con el riesgo de tomar idiotril.

Me parece que otro dato importante, que parcialmente explica el cambio en la manera de pensar de muchos pacientes, es el costo de los medicamentos. Todos hemos leído historias de personas en Estados Unidos, el país “más avanzado” del mundo, que no pueden pagar por sus medicinas, que tienen que escoger entre pagar su casa o pagar por sus terapias. Cuando alguien tiene un ataque de asma o una bronquitis y le pretenden cobrar $300 por un inhalador, estoy seguro de que primero va a inhalar vapor y untarse Vick Vaporub en el pecho para ver si con eso resuelve su problema.

Finalmente, creo que algo devastador para la credibilidad de nosotros, los médicos, en Estados Unidos es el volumen exagerado de pacientes que los doctores tienen que atender diariamente en su consultorio, y creo que esto también ha influido para que muchos se resistan a tomar fármacos. Te preguntarás ¿qué diablos tiene que ver una cosa con la otra? Pues tiene que ver bastante. Si yo te atiendo por 10 minutos por dolor de pecho, casi no te dejo hablar, estoy pendiente de la computadora, no te miro a los ojos y no te examino como se debe, ¿qué vas a pensar cuando, luego de esa escena tan común en la medicina de Estados Unidos, te doy una receta para que tomes un medicamento? Vas a dudar de mi criterio. De hecho, hasta podrías pensar que en mi agenda estaba darte ese fármaco. En otras palabras, la desconfianza en el proceso de esa cita médica se extiende a una desconfianza también hacia el medicamento.

Por todas las razones anteriores, hace años comprendí que si quería servir bien a mis pacientes era necesario que abriera la mente y explorara, que aprendiera más sobre tratamientos naturales que pudiesen ayudarles. De esa convicción nació en 2014 mi programa Medicina desconocida, el cual me permitió viajar a diferentes partes del mundo y aprender y experimentar terapias menos convencionales. De esa experiencia me quedó muy claro que algunas terapias naturales funcionan y otras no. ¿Pero no es cierto eso también de muchas terapias farmacológicas? ¿Alguna vez un doctor te ha recetado un medicamento que no ha funcionado? Por otro lado, también es cierto que el hecho de que una terapia sea natural no significa que no tenga posibles efectos secundarios.

He aquí mi convicción fundamental sobre la práctica de la medicina y el punto de partida de este libro, Santo remedio: ni la medicina natural ...