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CENA CON PERFECTO DESCONOCIDO

Gregory David  

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Fragmento

PRÓLOGO

No me resulta fácil escribir sobre este libro de Jorge Bucay. No soy crítica literaria, sino escritora; y me parece muy mediocre limitarme al tecnicismo literario, y muy vanidoso adelantarles mi opinión sobre la obra. Es mejor que lean lo que ha escrito Jorge. Sé que lo único valedero es expresar que, para mí, el libro de Jorge es Jorge. Elijo entonces escribir sobre lo que “es” y sobre lo que “sé”.

Lo primero que me surge es una pregunta: ¿Conozco a Jorge?

No, aunque sí conozco cosas de Jorge. ¿Puede alguien conocer a otro? No, ni siquiera es importante. Solo puedo ir conociéndome a mí misma. Tampoco es importante. Es conveniente. Es. Y ahí entra Jorge.

Cuando Jorge, después de varias “vueltas”, me dijo que quería aprender conmigo (hace de esto muchos años o, tal vez mejor, muchas vidas), sentí que lo veía en su futuro, o sea en su hoy.

...Y comenzamos nuestro camino en el hospital. Lo extraño es que ni él ni yo teníamos mucho que ver con hospitales (o tal vez sí, en aquel momento).

En el camino que recorrimos juntos, sé que me conocí más y mejor. Y así, conociéndome, surgió la magia de “saberlo” a Jorge. Conocerlo dejó, entonces, de tener validez. Cada vez que nos encontramos (y digo en-con-tramos), es otro Jorge: uno que no conozco pero sí “sé”.

No puedo limitar a Jorge: ni a su nombre ni a un cúmulo de palabras que, de todas maneras, no alcanzarían; porque las sensaciones y la sabiduría de algo, al menos yo, no las sé escribir. Tal vez lo único que sé es que escribir sobre Jorge está relacionado con el amor.

Juntos hemos recorrido los más insólitos caminos del amor o, mejor dicho, del A-M-O-R. Desde las formas más perversas, hasta las más tiernas. Siempre creando. También nada.

...Por momentos fuimos Jorge y July, y por momentos fuimos Jorge con July. Por momentos Jorgejuly y por momentos Jorge-July. Aun en nuestros silencios o en nuestras distancias, nos sabemos.

No quedó emoción, sensación o afecto que no hayamos vivido. Solo los que conocen el AMOR sabrán de qué hablo, y aquellos que en su vida solo llegaron a aprender algunas técnicas de coito, dejarán volar sus mundanas y mediocres fantasías gastando inútilmente tanta energía mental. Sin embargo, prefiero otorgarles el derecho a la duda.

Jorge fue para mí más que un hijo, porque además lo elegí. Y digo “fue” porque ahora, ahora es independiente. Me hace feliz verlo andar por sí mismo y, a la vez, me encuentro con el sentimiento opuesto y encontrado y simultáneo de la nostalgia que me provoca que el hijo ya no sea hijo. Creo que lo vivo más como mi trascendencia, en parte resuelta, enriquecida por las contradicciones y el acuerdo de los desacuerdos entre él y yo.

Una vez más, quiero pedirle a Jorge que sepa disculpar que yo haya nacido antes que él. Jorge siempre puso mucha bronca en ello (y yo también) y, aunque hoy ya no tiene peso, siento que le sirvió.

Creo que nuestra historia compartida se apoyó más en lo delirante de la locura creativa que en la mediocre lucidez de la cordura. Sin embargo, de ambas cosas (pues las tenemos) disfrutamos con intensidad.

No entiendo qué quiere decir “tener talento”. Sé que Jorge lo tiene. Este libro es un desafío que —afortunadamente para nosotros— se permitió para testimoniar su propio crecimiento creativo, empezando por apoyarse en una imaginaria tercera persona, hasta llegar a comprometerse plena y profundamente (como se compromete Jorge) con su profundo “sí mismo”.

Ahora sí, si me permiten, una sugerencia a los lectores: lean este libro dos veces al menos. La primera, como se lee todo libro: es decir, de principio a fin. Luego reléanlo deteniéndose en profundizar las ideas, sensaciones y conceptos que Jorge expresa a través de las palabras escritas. Sé que más que un libro de Jorge Bucay, este libro es un conjunto de mensajes para muchos; porque esta es otra de las formas de comunicación que tiene Jorge. A él, como a mí, como a otros, no le alcanzan las formas comunes de expresión y entonces nos salimos de plano (como dicen los pintores) para encontrarnos en el andar de la vida haciendo caminos, infinitas formas de comunicar y dar lo que tenemos. 

Así es Jorge.

Así es su libro...

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