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CóMO SANARTE CUANDO NADIE MáS PUEDE HACERLO

Amy B Scher  

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Fragmento

Agradecimientos

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A Charlotte Phillips, mi esposa, mi mejor amiga y mi persona favorita. Eres la más grande e increíble sorpresa de mi vida y prueba de que el universo sabe exactamente lo que hace. Gracias por siempre ser “el viento que me impulsa en mi espalda” y jamás “la tormenta en mi cara”. Me amas gentilmente en todos mis momentos y no hay nadie a quien prefiera ofrecer mi amor de vuelta. Tú y yo contra el mundo, amor.

Gracias a mi familia desde lo más profundo de mi rebosante corazón: los Fockers (en ambas costas de los Estados Unidos y en el Reino Unido). No hay suficientes palabras que puedan describir nuestro clan, nuestra locura, nuestro amor. Aún no puedo entender lo afortunada que soy de contar con su apoyo y alegría. Son una tribu de la que jamás quiero separarme.

A mi MB (mamá oso [mama bear]), Ellen Scher: gracias por editar hasta que tus propios ojos te boicoteaban, y luego seguir editando. Pero, sobre todo, gracias por tu incondicionalidad. Nuestras llamadas llenas de histeria por las noches sobre algunos errores muy cuestionables en ciertos momentos sólo pueden existir en ese torbellino que se genera en el amor entre madre e hija. Eres mi heroína.

No hay una manera adecuada para agradecer a Steve Harris, mi agente literario, mi amigo, y a la mitad del codiciado Team 22. Recuerdo haberte enviado un correo electrónico una vez para preguntarte si seguirías siendo mi agente aun si nuestro proyecto no se vendía. No tuve que esperar ni cinco minutos para recibir tu respuesta: “Eres mi autora hasta que la muerte nos separe (o hasta que tú ya no me quieras como agente)”. Esperé por ti casi toda mi vida y no me defraudaste. Gracias por ser todo lo que siempre soñé de un agente. Gracias por ser honesto cuando mi escritura era “muy aburrida” para mostrarla a los editores. ¡Ja! Tenías toda la razón. Siempre la tienes. Y gracias también por ser la más divertida compañía para comer.

Ofrezco mi más grande gratitud al equipo en Llewellyn, en especial a Angela Wix, mi editora, que vio algo especial en mí entre una multitud de autores. No puedo agradecerte suficientemente tu amabilidad y paciencia, así como por ayudarme a llegar al objetivo un poquito más rápido. Y para ti, Andrea Neff, un enorme agradecimiento por tu talento, enfoque, brillante aportación y atención a los detalles. Me ayudaste a que este libro sea aún mejor de lo que imaginaba.

Toda mi gratitud a las siguientes personas que, gracias a su contribución, hicieron posible este libro. Melissa Gentzle: siempre creíste en mí más que yo misma, y siempre fue evidente. Eres la mejor porrista que puede haber y serás una estupenda madre. Julia Montijo: quien editó capítulos muestra a altas horas de la madrugada a pesar de tener tu propio “trabajo de mujer adulta” y también por enseñarme que cuando creces, tú tienes que poner las reglas. ¡Salud, querida! Amanda McAulay, quien me recordaba que era hora de comer y me dio pláticas de aliento incondicionalmente. Gracias por apoyar mi locura y ser tan magnífica amiga. Nadine Nettman Semerau: somos las únicas dos que quedamos de nuestro club de escritura, pero hemos probado que bien ha valido la pena aguantar. Aún no puedo creer la increíble genialidad que esto nos ha deparado y no puedo esperar para ir por más. El equipo del vecindario de la calle 84: editaron, organizaron cenas y mantuvieron mi vida real cuando estaba atada a mi escritorio. Son las mejores dos chicas vecinas que podría haber pedido. TMW: gracias por ser las mejores escuchas que conozco y por ser mi cerebro gemelo para que nunca tuviera que explicar nada y aun así saber lo que quería decir. Dale Paula Teplitz: gracias por transformar todo lo que creía de los profesores. Eres absolutamente excepcional. Kate Kerr Clemenson: gracias por viajar al otro lado del mundo para salvarme el día que más lo necesitaba y por mantenerte cerca cuando te diste cuenta para qué te necesitaba. Verificación de la realidad cumplida. Sara DiVello: mi “cómplice de escritura”. No puedo agradecerte suficiente por las llamadas (ay, Dios mío, las llamadas) y por la infinidad de veces que tuviste que decir: “En serio, ya lo tienes”. Y también por las veces que dijiste repetidamente: “Sí, de verdad. Ya lo tienes”. Me hiciste creer en la amistad instantánea. Espero que escribamos juntas muchos libros más y siempre cuidarnos literalmente nuestras espaldas.

No puedo irme sin compartir mi más infinita gratitud para la insaciable Shannon Sheridan. ¿Cómo puedo agradecerte el hecho de que hayas plantado esas semillas tantas lunas atrás, mucho antes de que estuviera lista para regarlas? Este libro brotó sólo gracias a ti.

Y finalmente, gracias a mi círculo de ángeles del otro lado. Ustedes saben lo que han hecho.

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