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DILEMAS CLáSICOS PARA MEXICANOS Y OTROS SUPERVIVIENTES

Pablo Boullosa  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

α

Escribo bajo la impresión de que gran parte de la vida en México transcurre como en la Edad Media. Demasiados mexicanos no están acumulando ni riqueza ni conocimientos, y padecen tiempos oscuros, asolados por la violencia, el miedo y la falta de esperanza en el porvenir.

No me voy a detener en las semejanzas del país en el que vivimos con la Europa posterior a la caída del Imperio romano, pues admito que se trata de una impresión subjetiva. Pero no del todo inmotivada: Steven Pinker, autor de La tabla rasa, afirma que la tasa de homicidios en el México de la guerra contra el narco es similar a la que tenía Europa hace mil años. Los europeos superaron su edad oscura acumulando capital y conocimientos, e inspirándose en el pensamiento, el arte y los valores de la Grecia clásica. No está de más que los mexicanos prestemos atención al mismo pasado clásico; sin importar qué tan exagerado sea sugerir que estamos anclados en una Edad Media, es innegable que nos hace falta una buena dosis de modernidad. Y varios aspectos de la Grecia antigua son, paradójicamente, más modernos, interesantes y estimulantes que numerosas novedades. No debemos confundir lo moderno con lo nuevo: la curiosidad intelectual siempre es moderna; Twitter es solamente algo nuevo. La mayoría de las novedades sólo lo son por un tiempo breve. Pero los veneros de Occidente pueden renacer una y otra vez. Si pretendemos transitar con éxito hacia la modernidad, no nos bastará con seguir presumiendo el sector más avanzado de nuestra economía, ni con elevar cada vez más el gasto del gobierno, ni con sumergirnos en las redes sociales; jamás la alcanzaremos irreflexivamente, a golpe de subsidios y de panzazo. Necesitamos, esta es mi convicción, educarnos y ponernos en contacto con las minas espirituales del Occidente moderno.

Hace poco más de cien años, en 1908, Jesús T. Acevedo propuso a sus jóvenes amigos, entre los que se encontraban Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y otros que no llegarían a ser tan célebres, organizar un ciclo de conferencias con temas griegos. Henríquez Ureña hizo el plan a detalle, que comprendía la lectura de tragedias, comedias, elegías, odas, himnos, epigramas, obras filosóficas y estudios sobre la cultura griega. El ciclo no se llevó a cabo, pero varios intelectuales se reunieron para leer en voz alta y por turnos El banquete de Platón, acontecimiento que Alfonso Reyes siempre consideró un símbolo de su formación personal y del nacimiento del Ateneo de la Juventud. No puedo situarme, desde luego, a la altura de ninguno de los miembros de aquel grupo, pero comparto con ellos la afición a Grecia. No sólo la afición: la convicción de que tenemos todavía mucho que aprender de la cultura f

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