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LA FELICIDAD EN ESTA VIDA

Papa Francisco   

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Fragmento

SUEÑOS Y PROYECTOS, FUTURO Y ESPERANZAS

Con Jesús siempre nace y renace la alegría.

Evangelii gaudium

El evangelio de la vida cumplida

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento.

Evangelii gaudium, 1

La gran pregunta: ¿es posible la esperanza, aquí y ahora?

Ciertamente, el ritmo vertiginoso al que estamos sujetos parecería robarnos la esperanza y la alegría. Las presiones y la impotencia frente a tantas situaciones parecerían endurecernos el alma y hacernos insensibles a los muchos desafíos. Y paradójicamente, cuando todo se acelera para construir —en teoría— una sociedad mejor, al final no se tiene tiempo para nada ni para nadie. Perdemos el tiempo para la familia, el tiempo para la comunidad, perdemos el tiempo para la amistad, para la solidaridad y para la memoria. Nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo se puede experimentar la alegría del Evangelio hoy en nuestras ciudades? ¿Es posible la esperanza cristiana en esta situación, aquí y ahora?

Recibe antes que nadie historias como ésta

Estas dos preguntas atañen a nuestra identidad, a la vida de nuestras familias, de nuestros países y de nuestras ciudades.

Homilía, 25 de marzo de 2017

Una ensalada con aceite…

Jesús acababa de hablar sobre el peligro de las riquezas, de qué tan difícil es que un rico entre en el Reino de los cielos. Y Pedro le hace una pregunta: «Nosotros hemos dejado todo para seguirte. ¿Cuál es nuestra ganancia?». Jesús, generoso, empieza a decirle a Pedro: «En verdad yo os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre o campos por mí o por el Evangelio que no reciba ya en este tiempo cien veces más, y hermanos y hermanas y madres e hijos y campos…».

Quizá Pedro pensaba: «Ésta es una bonita actividad comercial, ir detrás de Jesús nos hace ganar cien veces más». Pero Jesús añade tres palabritas: «Junto a persecuciones». Y luego tendrás vida eterna. Sí, han dejado todo y recibirán aquí en la tierra muchas cosas, pero con la persecución.

Es como una ensalada con el aceite de la persecución. Ésta es la ganancia del cristiano y éste es el camino de quien quiere ir detrás de Jesús. Porque es el camino que él ha hecho: él ha sido perseguido.

Homilía en Santa Marta, 9 de junio de 2014

Abre el corazón a la lentitud del Reino

En las parábolas, Jesús nos enseña que el Reino entra humildemente en el mundo, y va creciendo silenciosa y constantemente allí donde es bien recibido por corazones abiertos a su mensaje de esperanza y salvación. El Evangelio nos enseña que el Espíritu de Jesús puede dar nueva vida al corazón humano y puede transformar cualquier situación, incluso aquellas aparentemente sin esperanza. ¡Jesús puede transformar cualquier situación! Éste es el mensaje que ustedes están llamados a compartir con sus coetáneos: en la escuela, en el mundo del trabajo, en su familia, en la universidad y en sus comunidades. Puesto que Jesús resucitó de entre los muertos, sabemos que tiene «palabras de vida eterna» (Jn 6, 68), y que su Palabra tiene el poder de tocar cada corazón, de vencer el mal con el bien, y de cambiar y redimir al mundo.

Discurso, 15 de agosto de 2014

¿Cómo vas con la alegría?

Lo escribía también san Pablo: «Alegraos siempre… el Señor está cerca» (Flp 4, 4-5). Me gustaría hacer una pregunta hoy. Pero que cada uno la lleve en el corazón a su casa. Como una tarea a realizar. Y responda personalmente: ¿Hay alegría en tu casa? ¿Hay alegría en tu familia? Den ustedes la respuesta.

Queridas familias, ustedes lo saben bien: la verdadera alegría que se disfruta en familia no es algo superficial, no viene de las cosas, de las circunstancias favorables… la verdadera alegría viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente en el camino de la vida. En el fondo de este sentimiento de alegría profunda está la presencia de Dios; la presencia de Dios en la familia es su amor acogedor, misericordioso, respetuoso hacia todos. Y sobre todo, un amor paciente: la paciencia es una virtud de Dios y nos enseña, en familia, a tener este amor paciente, el uno por el otro. Tener paciencia entre nosotros. Amor paciente. Sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias. Si falta el amor de Dios, también la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos y se apaga la alegría. Por el contrario, la familia que vive la alegría de la fe la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para toda la sociedad.

Homilía, 27 de octubre de 2013

No frenes tus sueños

Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben estar disponibles y ser generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengan miedo a salir de ustedes mismos y a ponerse en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida.

Mensaje para la Jornada por las Vocaciones,
29 de marzo de 2015

¿No te sientes realizado? Abandónate en los brazos de Dios

Muchas veces, en efecto, no logramos captar el designio de Dios, y nos damos cuenta de que no somos capaces de asegurarnos por nosotros mismos la felicidad y la vida eterna. Sin embargo, es precisamente en la experiencia de nuestros límites y de nuestra pobreza donde el Espíritu nos conforta y nos hace percibir que la única cosa importante es dejarnos conducir por Jesús a los brazos de su Padre.

Audiencia general, 11 de junio de 2014

El camino de vida de los santos (y el tuyo)

Pero si hay algo que caracteriza a los santos es que son realmente felices. Han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por eso, a los santos se les llama bienaventurados.

Homilía, 1 de noviembre de 2016

Dios nos consuela como una madre

Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; Él, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oración y sabe enjugar nuestras lágrimas. Cada vez que nos mira se conmueve y se enternece con un amor entrañable, porque, más allá del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos; desea tomarnos en brazos, protegernos, librarnos de los peligros y del mal. Dejemos que resuenen en nuestro corazón las palabras que hoy nos dirige: «Como una madre consuela, así os consolaré yo».

Homilía, 1 de octubre de 2016

La imagen de Cristo es tu realización

El creyente aprende a verse a sí mismo a partir de la fe que profesa: la figura de Cristo es el espejo en el que descubre su propia imagen realizada. Y como Cristo abraza en sí a todos los creyentes, que forman su cuerpo, el cristiano se comprende a sí mismo dentro de este cuerpo, en relación originaria con Cristo y con los hermanos en la fe.

Lumen fidei, 22

Sé niño en el abrazo del Espíritu

Cuando el Espíritu Santo entra en nuestro corazón, nos infunde consuelo y paz, y nos lleva a sentirnos tal como somos, es decir, pequeños, con esa actitud —tan recomendada por Jesús en el Evangelio— de quien pone todas sus preocupaciones y sus expectativas en Dios y se siente envuelto y sostenido por su calor y su protección, precisamente como un niño con su papá. Esto hace el Espíritu Santo en nuestro corazón: nos hace sentir como niños en los brazos de nuestro papá. En este sentido, entonces, comprendemos bien cómo el temor de Dios adquiere en nosotros la forma de la docilidad, del reconocimiento y de la alabanza, llenando nuestro corazón de esperanza.

Audiencia general, 11 de junio de 2014

Quiero un amor que sea para siempre

El corazón del ser humano aspira a cosas grandes, a valores importantes, a amistades profundas, a uniones que se fortalecen en las pruebas de la vida, en vez de partirse. El ser humano aspira a querer y a ser querido. Ésta es nuestra aspiración más profunda: amar y ser amado; es esto, definitivamente. La cultura de lo provisional no exalta nuestra libertad, nos hace carecer de nuestra verdadera suerte, de las metas más verdaderas y auténticas. Es una vida a trozos. Es triste llegar a cierta edad, mirar el camino que hemos hecho y encontrar que ha sido hecho en trozos diferentes, sin unidad, sin una finalidad: todo provisional...

Discurso, 5 de julio de 2014

En una época de «orfandad», tú tienes un padre

Dios no es un ser lejano y anónimo: es nuestro refugio, la fuente de nuestra serenidad y de nuestra paz. Es la roca de nuestra salvación, a la que podemos aferrarnos con la certeza de no caer; ¡quien se aferra a Dios no cae nunca! Es nuestra defensa contra el mal siempre al acecho. Dios es para nosotros el gran amigo, el aliado, el padre, pero no siempre nos damos cuenta. No nos damos cuenta de que nosotros tenemos un amigo, un aliado, un padre que nos quiere, y preferimos apoyarnos en bienes inmediatos que nosotros podemos tocar, en bienes contingentes, olvidando, y a veces rechazando, el bien supremo, es decir, el amor paterno de Dios. ¡Sentirlo como un Padre en esta época de orfandad es muy importante! En este mundo huérfano, sentirlo como un Padre.

Ángelus, 26 de febrero de 2017

No puedo…

Solos no podemos lograrlo. Frente a la presión de los acontecimientos y las modas, solos jamás lograremos encontrar el camino justo, y aunque lo encontráramos, no tendríamos suficiente fuerza para perseverar, para afrontar las subidas y los obstáculos imprevistos. Y aquí está la invitación del Señor Jesús: «Si quieres… sígueme». Nos invita para acompañarnos en el camino, no para explotarnos, no para convertirnos en esclavos, sino para hacernos libres. En esta libertad, nos invita para acompañarnos en el camino. Es así. Sólo junto a Jesús, invocándolo y siguiéndolo, tenemos una visión clara y la fuerza para llevarla adelante. Él nos ama definitivamente, nos ha elegido definitivamente, se ha entregado definitivamente a cada uno de nosotros. Es nuestro defensor y hermano mayor, y será nuestro único juez. ¡Cuán bello es afrontar las vicisitudes de la existencia en compañía de Jesús, tener con nosotros su Persona y su mensaje! Él no quita autonomía o libertad; al contrario, fortaleciendo nuestra fragilidad, nos permite ser verdaderamente libres, libres para hacer el bien, fuertes para seguir haciéndolo, capaces de perdonar y capaces de pedir perdón. Éste es Jesús, que nos acompaña, así es el Señor.

Discurso, 5 de julio de 2014

No te repliegues, no te dejes agobiar, no quedes prisionero

No se replieguen sobre ustedes mismos, no se dejen asfixiar por los pequeños líos de casa, no se queden prisioneros de sus problemas. Éstos se solucionarán si van afuera a ayudar a los otros a solucionar sus problemas y a anunciar la Buena Palabra. Encontrarán la vida dando la vida; la esperanza, dando la esperanza; el amor, queriendo.

Carta a los consagrados,
21 de noviembre de 2014

Sal de ti misma, sal de ti mismo: tendrás cien veces más

En la raíz de toda vocación cristiana se encuentra este movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo; abandonar, como Abraham, la propia tierra poniéndose en camino con confianza, sabiendo que Dios indicará el camino hacia la tierra nueva. Esta «salida» no hay que entenderla como un desprecio de la propia vida, del propio modo de sentir las cosas, de la propia humanidad; todo lo contrario, quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19, 29). La raíz profunda de todo esto es el amor.

Mensaje de la Jornada por las Vocaciones,
29 de marzo de 2015

Rompe la barrera del miedo

Fue la primera palabra que el arcángel Gabriel dirigió a la Virgen: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1, 28). La vida del que ha descubierto a Jesús se llena de un gozo interior tan grande, que nada ni nadie puede robárselo. Cristo da a los suyos la fuerza necesaria para no estar tristes ni agobiarse, pensando que los problemas no tienen solución. Apoyado en esta verdad, el cristiano no duda que aquello que se hace con amor engendra una serena alegría, hermana de esa esperanza que rompe la barrera del miedo y abre las puertas a un futuro prometedor.

Mensaje, 8 de septiembre de 2014

No nos contentemos con una vida «en pequeño»

¿Buscan de verdad la felicidad? En una época en que tantas apariencias de felicidad nos atraen, corremos el riesgo de contentarnos con poco, de tener una idea de la vida «en pequeño». ¡Aspiren, en cambio, a cosas grandes! ¡Ensanchen sus corazones! Como decía el beato Pier Giorgio Frassati: «Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender, y sin sostener, en una lucha continua, la verdad, no es vivir, sino ir tirando. Jamás debemos ir tirando, sino vivir» (Carta a I. Bonini, 27 de febrero de 1925).

Mensaje para la JMJ, 21 de enero de 2014

Deja que el Espíritu abra tu corazón

He aquí por qué tenemos tanta necesidad de este don del Espíritu Santo. El temor de Dios nos hace tomar conciencia de que todo viene de la gracia y que nuestra verdadera fuerza está únicamente en seguir al Señor Jesús y en dejar que el Padre pueda derramar sobre nosotros su bondad y su misericordia. Abrir el corazón, para que la bondad y la misericordia de Dios vengan a nosotros. Esto hace el Espíritu Santo con el don del temor de Dios: abre los corazones. Corazón abierto con el fin de que el perdón, la misericordia, la bondad, la caricia del Padre vengan a nosotros, porque nosotros somos hijos infinitamente amados.

Audiencia general, 11 de junio de 2014

Hoy se necesita valor

¡Hoy es tiempo de misión y es tiempo de valor! Valor para reforzar los pasos titubeantes, de retomar el gusto de gastarse por el Evangelio, de retomar la confianza en la fuerza que la misión trae consigo. Es tiempo de valor, aunque tener valor no significa tener garantía de éxito. Se nos ha pedido valor para luchar, no necesariamente para vencer; para anunciar, no necesariamente para convertir. Se nos pide valor para ser alternativos al mundo, pero sin volvernos polémicos o agresivos jamás. Se nos pide valor para abrirnos a todos, pero sin disminuir lo absoluto y único de Cristo, único salvador de todos. Se nos pide valor para resistir a la incredulidad sin volvernos arrogantes. Se nos pide también el valor del publicano del Evangelio de hoy, que con humildad no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos hacia el cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «Oh Dios, ten piedad de mí pecador». ¡Hoy es tiempo de valor! ¡Hoy se necesita valor!

Ángelus, 23 de octubre de 2016

Dios en corazón

El consuelo que necesitamos, en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida, es la presencia de Dios en el corazón. Porque su presencia en nosotros es la fuente del verdadero consuelo, que permanece, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegría.

Homilía, 1 de octubre de 2016

¿Quién aburre al papa Francisco?

Cuando oigo hablar a un joven o una joven del Señor, o a un catequista o una catequista, no sé, una persona cualquiera, yo me aburro. Hablamos del Señor con tristeza. Él ha hablado de alegría: es éste el secreto. Hablar del Señor con alegría, a esto se llama testimonio cristiano. ¿Entienden?

Encuentro, 15 de enero de 2017

Sé persona que canta la vida

Ser personas que cantan la vida, que cantan la fe. Esto es importante: no sólo recitar el Credo, recitar la fe, conocer la fe, sino cantar la fe. Esto es. Decir la fe, vivir la fe con alegría, y a esto se llama «cantar la fe». Y no lo digo yo, lo dijo san Agustín hace 1600 años: «¡Cantar la fe!».

Discurso, 3 de mayo de 2014

Los alambiques del miedo

Es más fácil creer en un fantasma que en Cristo vivo. Es más fácil ir con un nigromante a que te adivine el futuro, que te tire las cartas, que fiarse de la esperanza de un Cristo triunfante, de un Cristo que venció la muerte. Es más fácil una idea, una imaginación, que la docilidad a ese Señor que surge de la muerte y ¡vaya a saber a qué cosas te invita! Ese proceso de relativizar tanto la fe nos termina alejando del encuentro, alejando de la caricia de Dios. Es como si «destiláramos» la realidad del encuentro con Jesucristo en el alambique del miedo, en el alambique de la excesiva seguridad, del querer controlar nosotros mismos el encuentro. Los discípulos le tenían miedo a la alegría… Y nosotros también.

Homilía, 24 de abril de 2014

La felicidad no se compra

La felicidad no se compra. Y cuando compras una felicidad, después te das cuenta de que esa felicidad se ha esfumado… La felicidad que se compra no dura. Solamente la felicidad del amor, ésa es la que dura.

Y el camino del amor es sencillo: ama a Dios y ama al prójimo, tu hermano, que está cerca de ti, que tiene necesidad de amor y de muchas otras cosas. «Pero, padre, ¿cómo sé yo si amo a Dios?» Simplemente si amas al prójimo, si no odias, si no tienes odio en tu corazón, amas a Dios. Ésa es la prueba segura.

Discurso, 15 de enero de 2014

¿Quieres irte tú también?

Jesús nos pide que respondamos a su propuesta de vida, que decidamos cuál es el camino que queremos recorrer para llegar a la verdadera alegría. Se trata de un gran desafío para la fe. Jesús no tuvo miedo de preguntar a sus discípulos si querían seguirle de verdad o si preferían irse por otros caminos (cf. Jn 6, 67). Y Simón, llamado Pedro, tuvo el valor de contestar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). Si saben decir «sí» a Jesús, entonces su vida joven se llenará de significado y será fecunda.

Mensaje para la JMJ, 2014

Mira tus talentos, mira tus límites: ¡no estás solo!

Personas capaces de reconocer los propios talentos y los propios límites, que saben ver en sus jornadas, incluso en las más sombrías, los signos de la presencia del Señor. Alégrense porque el Señor los ha llamado a ser corresponsables de la misión de su Iglesia. Alégrense porque en este camino no están solos: está el Señor que los acompaña, están sus obispos y sacerdotes que los sostienen, están sus comunidades parroquiales, sus comunidades diocesanas con las que comparten el camino. ¡No están solos!

Discurso, 3 de mayo de 2014

Enfrenta la vida con fuerza, y no como si estuvieras harto

Es muy triste ver a una juventud «harta», pero débil.

San Juan, al escribir a los jóvenes, decía: «Sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno» (1 Jn 2, 14). Los jóvenes que escogen a Jesús son ...