Loading...

LIBRANOS DEL MAL

Ernestina Sodi  

0


Fragmento



Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Introducción

Clasificación del secuestro en fases

Fase Primera

Captura y noticia del secuestro

Crisis inicial

La familia

Fase Segunda

En cautiverio

La convivencia

La dimensión religiosa

La muerte

El síndrome de Estocolmo

Pensamiento mágico

El tiempo

Fase Tercera

La liberación

Fase cuarta

El regreso Reencuentro familiar

El segundo secuestro

Fase quinta

La captura de Romeo

Ultimas noticias

Conclusión

Poema a la vida

Agradecimientos

Notas al calce

Créditos

Grupo Santillana

Para Thali

Introducción

Soy una víctima más del secuestro. Fui vencida por la violencia más sorda, más oscura, a sangre fría, a manos de unos delincuentes. Enfermos que buscan emociones y satisfacciones perversas y que actúan según sus deseos desenfrenados de poder, apropiándose de la vida, del mundo y los valores de los demás.

Mis captores me someten, me injurian, me degradan; me despojan de un derecho básico de los seres humanos: la libertad. Atentan contra lo más sagrado que tenemos: la vida.

Ser víctima de un secuestro no sólo significa sufrir la privación de la libertad, la pérdida del valor de la vida y de toda la dignidad, sino también soportar un trato brutal e inhumano.

Durante mi cautiverio, me encierran en espacios de dos metros cuadrados, recibo golpes, me mantienen con los ojos vendados por horas y horas todos los días. Aguanto amenazas, presión, humillación sexual y psicológica, me someten a vigilancia continua, me obligan a permanecer en silencio, mientras que suena de fondo, una música estridente a todo volumen que no cesa nunca.

El ambiente es ajeno y aterrador. Estoy forzada a vivir en una atmósfera de locura, recibiendo un trato frío y ambivalente; me amenazan de muerte mientras cuidan de mí.

Estoy en un lugar donde tengo que comportarme con absoluta sumisión y docilidad, consciente de que mi vida depende de la habilidad para ser obediente y capaz de convivir con esa locura infame. Vivo un tiempo en el que aprendo el significado de la incomunicación por el aislamiento, en que experimento el verdadero dolor, soportando en silencio lágrimas muy amargas.

Vivo el dolor de una realidad desgarrada, una orfandad, privada de afectos, reducida a la calidad de un objeto mercantil, de un trueque; circunstancias que me confirman que mi vida depende de los deseos y caprichos de mis captores.

El secuestro es un drama estremecedor que asegura el sufrimiento de las víctimas, familiares y amigos. Es una tortura que no termina con la liberación; la privación de la libertad es un delito despiadado que demuestra el grado de violencia que subyace en nuestra sociedad, una violencia que los mexicanos inocentes a veces tenemos que soportar.

El incremento del secuestro en nuestro país es la evidencia concreta de esta rampante enfermedad social que debe ser enfrentada fuertemente con justicia y respeto a nuestras garantías como ciudadanos, como personas.

En México el secuestro se ha convertido en una industria floreciente y sin límites, un delito del que podemos ser víctimas todos, un crimen que no respeta géneros, edades o condiciones sociales. Hoy en día las víctimas solemos ser mujeres y niños, pero puede ocurrirle a cualquiera.

<

Recibe antes que nadie historias como ésta